lunes, 21 de diciembre de 2009

Ejemplo de Humildad




El mendigo que confesó a Juan Pablo II

Hace un tiempo, en el programa de televisión de la Madre Angélica en Estados Unidos (EWTN), relataron un episodio poco conocido de la vida Juan Pablo II.

Un sacerdote norteamericano de la diócesis de Nueva York se disponía a rezar en una de las parroquias de Roma cuando, al entrar, se encontró con un mendigo. Después de observarlo durante un momento, el sacerdote se dio cuenta de que conocía a aquel hombre. Era un compañero del seminario, ordenado sacerdote el mismo día que él. Ahora mendigaba por las calles.

El cura, tras identificarse y saludarle, escuchó de labios del mendigo cómo había perdido su fe y su vocación. Quedó profundamente estremecido.

Al día siguiente el sacerdote llegado de Nueva York tenía la oportunidad de asistir a la Misa privada del Papa al que podría saludar al final de la celebración, como suele ser la costumbre. Al llegar su turno sintió el impulso de arrodillarse ante el santo Padre y pedir que rezara por su antiguo compañero de seminario, y describió brevemente la situación al Papa.

Un día después recibió la invitación del Vaticano para cenar con el Papa, en la que solicitaba llevara consigo al mendigo de la parroquia. El sacerdote volvió a la parroquia y le comentó a su amigo el deseo del Papa. Una vez convencido el mendigo, le llevó a su lugar de hospedaje, le ofreció ropa y la oportunidad de asearse.

El Pontífice, después de la cena, indicó al sacerdote que los dejara solos, y pidió al mendigo que escuchara su confesión. El hombre, impresionado, les respondió que ya no era sacerdote, a lo que el Papa contestó: "una vez sacerdote, sacerdote siempre". "Pero estoy fuera de mis facultades de presbítero", insistió el mendigo. "Yo soy el obispo de Roma, me puedo encargar de eso", dijo el Papa.

El hombre escuchó la confesión del Santo Padre y le pidió a su vez que escuchara su propia confesión. Después de ella lloró amargamente. Al final Juan Pablo II le preguntó en qué parroquia había estado mendigando, y le designó asistente del párroco de la misma, y encargado de la atención a los mendigos.

Fuente

sábado, 19 de diciembre de 2009

Una Mañana

Una mañana desperté con una sola idea: Redecorar mi habitación, ya estaba harta de ver siempre el mismo color pálido de las paredes y todo ubicado siempre en el mismo lugar, tan rutinario todo que aburría. Pero bueno me decidí. Ese mismo día limpie toda la habitación y quite todos los muebles, luego fui a la pinturería y compre pinturas de color pastel y azul marino. Aun no sabia si eran los colores adecuados pero simplemente los compre. Al otro día me levante bien temprano del sofá que había utilizado como cama esa noche y me dispuse a pintar y me di cuenta que nunca antes lo había hecho pero por alguna extraña razón tenia la necesidad de pintar mi cuarto. Cuando comencé me parecía que todo terminaría en un terrible desastre de colores pero a medida que continuaba iba viendo como todo quedaba parejo, era increíble como las ganas de cambiar y de hacer algo nuevo me estaban llevando hacer las cosas bien, estaba quedando realmente hermoso pero aun faltaba algo. Cuando termine de pintar me sentí orgullosa de mi misma por lo que había hecho pero aun así esa sensación de que faltaba algo no salía de mí. Espere a que la pintura secara para volver a ubicar los muebles y cuando lo hice los ubique de una manera muy distinta a como estaban antes para que todo parezca renovado pero aun faltaba algo. Entonces decidí salir a pasear porque pensé que al volver y ver mi habitación de nuevo ya no seria la misma de antes y esa sensación saldría de mi. Pasee un buen tiempo por las calles de la ciudad mirando vitrinas y también fui a las plazas para respirar un poco de aire fresco y luego retome el camino a casa. Cuando entre vi todo igual que antes excepto mi habitación y por un momento me sentí bien pero luego volvió esa sensación y no sabiendo mas que hacer para que desaparezca empecé a repasar paso por paso todo lo que hice para renovarla y ahí me di cuenta de que había faltado y que seguía faltando y no tenia nada que ver con cambiar el color de las paredes o la ubicación de los muebles sino que lo principal era cambiar mi punto de vista acerca de mi habitación porque el se volvió aburrido y rutinario porque yo lo volví así porque no supe ver mas allá de las apariencias y me olvide de ver los detalles como por ejemplo que todas las mañanas el sol iluminaba de forma distinta haciendo que las cosas se vean distintas. Pero me fue necesario cambiar todo para descubrir que las cosas tienen el color que yo les dé. Solo es necesario reparar en los detalles del día para descubrir que todos los días son diferentes e increíbles.

jueves, 10 de diciembre de 2009

¿Vale la pena?

¿Vale la pena renunciar a todo lo que queremos por la desesperacion o emocion del momento?

¿Vale la pena dejar atras un sueño por el desanimo y el desgaste del tiempo?

El que no consigas mirar hacia adelante no significa que no existe un horizonte a la espera en el camino.

No porque inmensas nubes no te permitan ver el cielo deja de estar ahi.

Por eso cree y espera un mañana mejor, porque aunque no lo veas el esta esperando por ti.